VIII

Quieta; en la verja, fría, afilada.

Sus rocosas manos, a fuego vivo, se aferran a ella con la firmeza huracanada de la miseria. Al roce del hielo, el humo nace y asciende al cielo. No puedo oír, pero sus gritos entran en mí aun con mis ojos cerrados. No puedo hablar, me acallan sus desgarros: me desgarran a mí. Jirones que antaño formaban mi cuerpo, magullado, ahora cubren la escarcha de las rocas. Me deshago mientras ellos crecen. Es un parto, una violación de mi interior hacia fuera. Arden, se agitan, lo desean. Quieren liberarse.

Y qué soy yo mas que ellos y mi piel desgarrada. Qué soy yo sino aire, éter, que se expande y se confunde y no es más que motas de polvo. Polvo con polvo, en una unicidad intrascendente. Qué soy yo mas que una pueril ráfaga. Qué soy yo sino vacío, ínfima materia envuelta en vacío. Soy los restos de esta explosión en llamas; y reptando caigo del vacío al vacío. Qué soy yo sino tú sin mí.

  • ¿Y ahora qué?
  • Ahora silencio.